Los celos de Enriqueta Romero - Almería Costumbrista

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Los celos de Enriqueta Romero

Los celos de Enriqueta Romero

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Hay calles de Almería que esconden secretos que podrían darse a conocer en alguna que otra serie de televisión sobre la sociedad del siglo XX. En esta ocasión, por medio de la imaginaria máquina del tiempo de Almería Costumbrista, viajamos a 1904 para saber qué historia vivieron tres personas.
El profesor de baile, Joaquín Pujazón, decidió dejar la relación que tenía con Carmen López Murcia, la cual, como bien entenderéis, iba más allá de unos simples pasos en la pista. Esta sería una historia más de un amor fallido, si no fuera porque tiempo después el maestro recibió una amenaza de muerte de la chica, justamente cuando se encontraba en la casa que tenía su nueva pareja, Enriqueta Romero, en el barrio de La Caridad.
¡Imaginad qué estampa! Él explicando que ya no estaba con Carmen López y que no le diera importancia al asunto, mientras que Enriqueta Romero, que también era de armas tomar, pedía que se fuera de casa y no volviera jamás. ¿Pensáis que el relato acaba aquí? Ni mucho menos.
Romero tuvo una visita inesperada el 13 de Abril de 1904, pues la ex pareja de Pujazón se subía por las paredes por culpa de los celos y no se le ocurrió mejor idea que presentarse en la casa; por suerte, la novia no estaba en el lugar y se libró de la furia de la descontrolada joven, que tomó asiento a pesar de que la hermana mayor de Enriqueta Romero le rogó que se marchara.
Como si fuera una obra de teatro, el telón sube, entra en la casa Joaquín Pujazón, y la discusión con Carmen López Murcia se acalora hasta tal punto que la mujer coge una silla que usa como arma, lo que provoca que este clave una faca a la chica en la espalda e inmediatamente se dé a la fuga. La herida, gracias a Dios, no acabó con la vida de Carmen López, pues unos años más tarde contrajo matrimonio con otro hombre.
Tras este episodio de nuestra Almería negra, por curioso que parezca, la relación de Pujazón y Romero continuó con la boda de ambos. Dos años más tarde, en plena noche, sucedió algo inimaginable, puesto que los celos volvieron a ser los protagonistas de una terrible noticia: Enriqueta Romero, quien no aguantaba las salidas nocturnas de Joaquín Pujazón, pidió a este que acabara de una vez con su mala vida y dedicase más tiempo al matrimonio, pero el hombre hizo caso omiso y se fue con sus amigos y unas mujeres de mala reputación a la playa.
Su mujer no tardó en enterarse, por lo que cogió el revólver que el marido usaba en su trabajo de guardia municipal. “Se apostó en una de las esquinas de la calle de Gerona, frente al domicilio de D. Luis Ronco, y al requerir al cochero para que detuviera el carruaje y negarse aquel a ello, hizo tres disparos, uno de los cuales, según tenemos entendido, produjo algunas erosiones en la mano derecha a uno de los acompañantes de Pujazón”, informaba La Crónica Meridional.
No deja de ser alarmante este relato, como tampoco las palabras que ponían fin a la noticia en el periódico citado: “el suceso fue muy comentado, porque revela lo que una mujer es capaz de hacer cuando de veras siente un afecto profundo hacia el hombre que logra provocar sus amores”.
Por suerte, hoy vivimos otros tiempos y estas noticias ocupan menos las páginas de nuestros periódicos.

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