La Campana de Manuel Sánchez Clemente - Almería Costumbrista

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La Campana de Manuel Sánchez Clemente

La Campana de Manuel Sánchez Clemente

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Con esfuerzo y una sonrisa, así fue cómo Manuel Sánchez Clemente consiguió convertir el extinto restaurante << La Campana >> de la Plaza del Carmen en un proyecto del que los almerienses se sentían dichosos en los años veinte del pasado siglo. “Aquel hombre, que puso toda su voluntad, toda su fe, en aquella obra, obtenía por él lo creado”, podía leerse en Almería Nueva.
Sin ánimo de parecer pretenciosos, la realidad es que en << La Campana >> se llevaban a cabo grandes celebraciones, puesto que Rovira Torres, alcalde de Almería, obsequiaba a los periodistas del Ayuntamiento en 1926 con una comida en el restaurante, con motivo de su sexto mes representando a la ciudadanía. Según informaban en La Crónica Meridional, durante la velada reinaba en el lugar “la más franca cordialidad y haciéndose votos en primer lugar por la prosperidad de nuestra querida ciudad y después porque el señor Rovira Torres continuara desempeñando el cargo con el mismo acierto”.

Quedaba inmortalizada la laboriosidad de Sánchez Clemente en el restaurante, un aspecto que supo contagiar a su hijo Antonio Sánchez Garzón, quien más tarde dirigiría negocios tales como La Nueva Reconquista o Resorys, dos tiendas de muebles muy populares en sus respectivas épocas. “Manuel Sánchez Clemente, durante doce años consecutivos, ha venido dedicando en cuerpo y alma toda su juventud, toda una vida, a la cristalización de sus más fervientes aspiraciones; ha venido luchando sin tregua ni descanso hasta ver convertida en realidad la estabilización, como negocio, de su magnífico restaurant << La Campana >>”, explicaba Noticiero Almeriense en 1928.
Ni que decir tiene que en el local no faltaban ricas tapas, acompañadas de unas cervezas bien frescas, como ocurre en la actualidad en cualquier negocio almeriense. Por esto y porque el local se hallaba muy próximo al Paseo, siempre estaba repleto de clientes que disfrutaban los mejores productos de la tierra.
Los diarios del momento, además, se referían a este como un espacio tan prestigioso y similar a otros de ciudades españolas y extranjeras, hasta el punto de contar con una clientela que, según señalaba el periódico La Defensa, reunía “todos los elementos sociales de la ciudad dentro de la corrección y compostura compatibles con la calidad del establecimiento”. No nos extraña, por tanto, que una familia, a la que le tocó un décimo de lotería cuando estaba en Almería buscando una cura para un señor, pidiese menú en La Campana y probablemente consiguiera así que este se sintiera un poquito más aliviado.
Manuel Sánchez Clemente debía estar muy orgulloso del negocio que regentaba, pues, como puede saberse por medio de los diarios de entonces, en su rostro, amable y cercano, se observaba la satisfacción que experimentaba, una sonrisa que manifestaba triunfo, y un aire altivo peculiar en aquellas personas que lograban destacar gracias a su voluntad e inteligencia. Por ello, en Almería Costumbrista hoy sigue replicando La Campana, aunque sólo sea por medio de la palabra.

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