El hombre del saco: “el crimen de Gádor” - Almería Costumbrista

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El hombre del saco: “el crimen de Gádor”

El hombre del saco: “el crimen de Gádor”

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Advertimos que el relato de hoy no es aconsejable para personas especialmente sensibles, dada la crueldad de los hechos que contaremos a continuación.
Todo ocurrió en los márgenes del Río Andarax, frente a Rioja, en un lugar solitario en el que nadie sospecharía las atrocidades que iban a llevar cabo varios individuos de Almería. El curandero Francisco Leona – el hombre de la foto -, quien aquel día estaba acompañado de Julio Hernández Rodríguez, el cual procedía del Cortijo San Patricio, había escuchado que la dolencia que Francisco Ortega padecía por culpa de una tuberculosis desaparecería de la forma más macabra que se pueda imaginar y necesitaba la ayuda de su compañero para poder aplicar la cura.
La medicina consistía, según se lo había contado un vecino, en beber la sangre caliente de un niño y, posteriormente, colocar las entrañas de este sobre su pecho; para ello, los dos individuos escondiéronse tras una higuera y esperaron la llegada de unos niños de muy poca edad. Con objeto de no ser vistos, Julio Hernández y Francisco Leona se ocultaron en otro lugar y aprovecharon un momento para raptar a Bernardo González, de 7 años, a quien Leona le había prometido unas brevas. Ya nada podía hacer aquel pequeño.
La leyenda de “el hombre del saco”, probablemente comienza en Gádor, Almería, cuando Leona ordena que Julio Hernández meta a Bernardo González en una bolsa. Desgraciadamente, los llantos del niño no valieron de nada, dado que Hernández se las ingenió para conseguir cumplir lo que le ordenaba el curandero y tras una larga caminata por lugares casi intransitables, después de mirar varias veces si pasaba alguien por la carretera, llegaron al Cortijo de San Patricio atravesando un barranco llamado “Marchal de Araoz”. Nada, ni nadie, iba a impedir que estos individuos – con un aspecto terrible, por cierto – cometieran el crimen por el que es bien conocido el pueblo de Gádor.
El asesinato
En el Cortijo de San Patricio se encontraba Agustina Rodríguez y González, quien esperaba, impaciente, su intervención en la cura de Francisco Ortega, apodado el ” Moruno”, y Elena Amate Medina, la cual llegaba con un cántaro de agua que necesitaban para la preparación del medicamento. Julio Hernández dejó al niño en un rincón, en el porche de su casa, y se dirigió a la del enfermo a decirle que todo estaba listo para llevar a cabo el desagradable asesinato.
Agustina daba golpes al niño con el fin de hacerle callar, mientras José Hernández, hermano de Julio, esperaba la llegada del “Moruno”. Al rato, sacaron al niño del saco, le tendieron en el porche, con la cabeza hacia la finca y Julio Hernández, que estaba colocado á su lado derecho, le agarró por la cintura. Agustina Rodríguez, quien se hallaba al lado izquierdo, le cogió por los brazos para que no se moviera.
El curandero se colocó al lado derecho de Bernardo González y con una navaja le hizo una herida en el costado, la cual cortó las arterias. Francisco Ortega bebió su sangre, que había caído en una olla que se hallaba debajo de la herida, y lo hizo sin la más mínima demostración de repugnancia. Posteriormente, Leona abrió su vientre y le sacó las entrañas, puesto que, como hemos dicho anteriormente, Ortega tenía que colocárselas sobre su pecho para curar la tuberculosis.
Lamentablemente, aquel pequeño fue hallado con la cabeza reventada en el barranco del Pilar, debajo de las higueras en las que Francisco Leona y Julio Hernández le dejaron. Aún hoy los almerienses recuerdan aquel terrible suceso que tuvo lugar en la provincia.

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