Muerte en el Paseo de Almería - Almería Costumbrista

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Muerte en el Paseo de Almería

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En el último año del siglo XIX, cuando ni siquiera estaba construido el Teatro Cervantes, ocurrió un hecho poco usual en el Paseo de Almería. José María León, un joven que pertenecía a la aristocracia almeriense, iba en compañía de un amigo en un tándem cuando varios betuneros les insultaron. Por tal motivo, molesto por las groseras palabras dirgidas hacia su persona, bajó del vehículo y se acercó a los chicos para darles un toque de atención.
Antonio López Góngora y Antonio Ferre Méndez, guardias municipales, se hallaban sentados en un banco cercano y no hicieron nada ante la trifulca originada por los betuneros. Enfadado por la pasividad de la autoridad y en estado de embriaguez, León se dirigió a ellos y expresó su molestia por no haber sido defendido cuando más lo necesitaba; era tal la irritación del hombre que López Góngora no se contuvo y le dio una bofetada y un par de golpes con el sable.
Los sucesos adquirieron un cariz desagradable, dado que José María León sacó un revólver y disparó en el estómago al guardia Antonio López Góngora, provocando a este la muerte al siguiente día. Los hechos, como se refería a ellos la prensa de entonces, resultaron ser reveladores para abrir un proceso de atentado y homicidio de un agente de la autoridad, con una posible pena de 10 años y un día, más dos mil pesetas de indemnización y pago de los costes procesales.
La desconsolada madre de la víctima, Tomasa Góngora Murcia, no dudó en referirse al desagradable acontecimiento en una carta enviada al periódico La Crónica Meridional unos meses después: “nombré un abogado, el cual renunció, y en su virtud nombré otro para que el hecho no quedara impune, resultando con este lo mismo que con el primero. De todo esto deduzco que no tendré defensor, porque soy pobre o porque no querrán acusar al poderoso”.
Ante tal acusación, Antonio Ledesma le dirigió las siguientes palabras, las cuales no tienen desperdicio alguno para comprender mejor lo sucedido: “contesto su carta de ayer, publicada por V. en La Crónica Meridional y El Regional, invitándole ante todo a rectificar el juicio que formula del desistimiento de su defensa por dos Letrados de este Ilustre Colegio, compañeros distinguidos, a quienes, sin duda, alguna causa legítima de imposibilidad les habrá impedido seguir la acusación contra el autor de la muerte del guardia municipal Antonio López Góngora, hijo de V”.
El aludido abogado Antonio Ledesma continúa la carta, en la que señala que no sabe en qué estado se halla el proceso. “Tal vez se encuentre ya concluido el sumario; tal vez estén hechas también las calificaciones provisionales y propuestas las pruebas para el juicio por jurados. Comprenderá V. que así no será dable aportar todos los antecedentes que yo hubiera considerado oportunos, y llenar los vacíos que pudieran existir, ni aceptar la responsabilidad de lo hecho hasta hoy en la acusación”, explica.
Aquel proceso se llevó a cabo en la Audiencia Provincial un mes después de cruzarse dichas cartas, con diversos testigos, entre los que se encontraban los betuneros, y sin la madre del fallecido guardia municipal, la cual retiró la acusación contra el autor de los disparos que acabaron con la vida de su hijo y rechazó la pensión que se le había concedido a causa de este hecho; después de varios interrogatorios a quienes habían visto lo ocurrido en la tarde del 5 de diciembre de 1899, el Jurado dio veredicto de inculpabilidad a José María León Cobos unos meses después, quien quedó en libertad inmediatamente.

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