Kioscos almerienses: hijos de una guerra - Almería Costumbrista

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Kioscos almerienses: hijos de una guerra

Kioscos almerienses: hijos de una guerra

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Algunos kioscos de Almería, que en un principio eran accesos a los refugios de la Guerra Civil y no establecimientos comerciales, pasan desapercibidos y casi de puntillas por nuestra reciente historia. Tales estructuras servirían para proteger a los habitantes almerienses, pues la ciudad fue bombardeada por la Reichsmarine, quien mandó que el acorazado “Almirante Scheer” y otros cuatro lanzaran sobre nuestro suelo más de 200 proyectiles. El resultado: 200 edificios dañados y 106 destruidos.
Esto lo cuenta Alfonso Ruiz García en “Las entradas a los refugios: El racionalismo como mobiliario urbano”, un capítulo que se halla en uno de los muchos libros de los que dispone la Diputación de Almería.
A diferencia de otros kioscos, los cuales cuentan con una estructura fácil de desmontar, el que se encuentra en Plaza Conde Ofalia conserva unas características que hacen que sea muy especial, dado que no ha sufrido muchas modificaciones desde que fuera creado por la Comisión Mixta de Refugios, de la que formaba parte el arquitecto municipal Guillermo Langle Rubio. Además, podemos observar otros en Plaza Urrutia, cerca de Plaza San Pedro, en Plaza Virgen del Mar – convertido hoy en un bar – y en Plaza Manuel García, próximo a la Puerta Purchena.
Se pretendía que los kioscos embellecieran y cubrieran los accesos a los refugios, con el fin de poder usarlos posteriormente. Como se puede observar en la imagen que acompaña a este artículo, el cristal cumple una importante función en dicha estructura, dado que permite que el acceso quede bien iluminado. También merecen una especial mención el pilar intermedio de ladrillo, la línea recta, la marquesina volada que protege del sol y el mirador semicircular, dado que reflejan algunas características propias del racionalismo que se empleaba en la arquitectura de la República.
La construcción de la red de refugios tuvo su punto de partida en Octubre de 1936, pero hasta la primavera de 1938 no estaría completamente lista. Se hacía necesaria, pues, según palabras de Alfonso Ruiz, “desde la primera bomba lanzada el 3 de Setiembre del 36 hasta el 27 de Febrero del 39 se sucederán un total de 52 bombardeos que lanzarán sobre el casco urbano 754 bombas que dañarán 238 edificios y destruirán otros 137. Pero es de lamentar muy especialmente los 173 muertos y 227 heridos”.
Con suerte, nunca tendremos que usarlos de nuevo.

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