A la memoria de Los Coloraos - Almería Costumbrista

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A la memoria de Los Coloraos

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Los Coloraos, un grupo de españoles exiliados por ideas políticas contrarias al Rey Fernando VII, impuesto por parte de Francia, llegó a nuestras playas en agosto de 1824. En aquellos días se hablaba de la vuelta del sistema constitucional de la mano de los liberales, un hecho que empujó al Gobernador de Almería a tomar varias medidas, tales como que las patrullas realizaran su guardia durante todo el día para evitar la reunión de personas que no simpatizasen con los realistas. También los alcaldes de barrio, acompañados de vecinos armados, desempeñaron esta labor.
Un bergantin y un falucho abrieron fuego contra el ejército francés, conocido este como “Los cien mil hijos de San Luis”, a las tres de la madrugada del 14 de agosto de 1824. En estas embarcaciones iba un total de cincuenta personas, dirigidas por el coronel Pablo Iglesias; ante el ataque, la respuesta del ejército francés no se hizo esperar y provocó tal avería en los barcos que aquellos patriotas tuvieron que buscar asilo en Marchena y Huécija, desde donde, una vez recuperados y apoyados por más revolucionarios, volvieron a la ciudad.
El 16 de agosto, también durante la madrugada, Los Coloraos se presentaron ante las murallas de la ciudad de Almería, que estaban protegidas por los que simpatizaban con el reinado de Fernando VII. Atacaron la ciudad desde diversos puntos, como la Puerta Purchena, al grito de “¡viva la Constitución!”, pero aquellos que iban a sumarse a la causa habían sido detenidos dos días antes. Tras fallidos intentos de hacerse con la ciudad, la expedición de Pablo Iglesias tuvo que marchar hasta Benahadux y aquella misma tarde escaparon varios revolucionarios que estaban con ellos. El grupo de Los Coloraos recibió ataques desde varios frentes próximos al lugar y nada pudo hacer para remediar su captura.
Según una información publicada en La Crónica Meridional cincuenta y cuatro años más tarde, de la que hemos extraído los datos para este artículo, la caballería del resguardo “consiguió cogerles las armas, los uniformes rojos, los morriones con escarapela tricolor, una bandera de los mismos colores, el sombrero del coronel Iglesias y por último, quedando treinta y un prisioneros, casi todos oficiales emigrados, cogieron varios papeles y entre ellos una cartera del general francés Cugnet de Montarlotte hecho prisionero”.
Constan también las palabras del general Cugnet de Montarlot, sumado a la causa de los liberales, quien antes de morir a manos de los realistas escribió lo siguiente: “En el nombre de Dios, mi Padre, como Jesucristo muero inocente, pero como él por la libertad muero contento, por la misma causa mis compañeros mueren inocentes. Perdono aunque en vano a los autores de nuestro asesinato. Pronostico que el día de nuestra muerte, hará época de la pérdida de España; antes de tres meses estará inundada en sangre y los autores de nuestra muerte morirán rabiando”.
Los Coloraos, recordados así por sus atuendos, fueron fusilados por aquella revolución llevada a cabo y, para su desgracia, varios de ellos sufrieron el vejatorio castigo del duelo de carreras de baquetas, que les obligaba a correr por un pasillo formado por soldados armados. Lástima que aquellos valientes patriotas hallaran la muerte, en vez de la victoria que tanto deseaban.

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