La inundación de ayer: 11 de Septiembre de 1891 - Almería Costumbrista

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La inundación de ayer: 11 de Septiembre de 1891

La inundación de ayer: 11 de Septiembre de 1891

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La inundación de ayer es el titular de un artículo que se publicó en la portada del extinto periódico almeriense La Crónica Meridional, el 12 de Septiembre de 1891; en el texto queda muy bien reflejada la angustia que sufrieron muchos almerienses el día anterior, y no extraña, por tanto, que el equipo de redacción describiera este episodio como uno “de los espectáculos más tristes que se registrarán en nuestra historia”.
Hoy permanece erguida la estatua de una mujer que protege de aquella lluvia aterradora a un par de niños, en el último tramo de la Rambla de Almería.  Se trata de una figura que representa mucho más que la caridad, pues nos recuerda que la ciudad vivió durísimos momentos debido a las pobres infraestructuras con las que contaba entonces y, a causa de esto, murieron unas veinte personas.
Algunos almerienses, acostumbrados a pocas pero fuertes lluvias, hablan de este acontecimiento como si lo hubiesen vivido en sus propias carnes, pero lo cierto es que sólo a través de las palabras, inmortalizadas gracias a la labor de La Crónica Meridional, el periódico dirigido por Francisco Rueda López, podemos tener verdadera constancia de lo ocurrido aquel día que los almerienses quisieron borrar de su memoria.
Fortuna, tranquilidad, vida; ¡todo, todo se ha perdido en un momento! Era preciso haberlo visto para llegar a comprenderlo. El cielo completamente negro; las nubes despidiendo agua en abundancia verdaderamente aterradora; las calles cubiertas totalmente de agua y flotando como ligeros barquichuelos, colchones, puertas, camas, piedras, sillas… En las casas inundadas, la desesperación y la miseria; en las vías públicas el frío de la muerte y por todas partes ese ruido sordo, magestuoso e imponente del chocar de las olas en una noche de borrasca. ¡Qué horror!.
Como si lo estuviéramos viendo en este momento, el agua bajaba con tal fuerza que se llevaba todo a su paso. Era tanta la virulencia de esta que el paseo y sus calles laterales presentaban un aspecto que causaba terror, pero igual sucedía en otros puntos de la ciudad, ya que en Martínez Campos había un enorme caudal de agua y Almadravilla estaba completamente inundada. No menos suerte corría la puerta Purchena, dado que “el espectáculo era aún más aterrador, pues las aguas de la rambla de Alfareros, rebasando su cauce ordinario, se desbordaban con furia por la plaza de Bilbao, y paseo, arrastrando infinidad de muebles, carros, bestias y lo que es aún más triste, personas de las que algunas fueron milagrosamente salvadas”.
Imaginad qué espectáculo dantesco, las lluvias, que comenzaron entre las nueve y las diez de la mañana, provocaron tales daños que hasta la fábrica de gas, encargada de velar por el buen alumbrado de la ciudad, terminó destrozada. Aquella noche, del día más largo que se recuerda en Almería, la ciudad quedó en tinieblas y sólo algunas casas contaban ya con farolillos en sus fachadas;  en las calles nada más que se escuchaban lamentos y exclamaciones, que hacían saltar las lágrimas.  “Nosotros rogamos a la población de Almería que contribuyan al alumbrado para subsanar en parte las faltas del alumbrado público”, recomendaban desde las lineas del periódico.
Es lamentable que, para que otros se pusiesen manos a la obra, más de dos mil familias se quedaran sin nada y, por supuesto, que la ciudad estuviese muy deteriorada por culpa de las lluvias.  Así, después de varios años reclamando ayudas, la desviación y el encauzamiento de las Ramblas comenzaron en 1894 y terminaron en1897.
¡Dios salve a Almería!

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